El tico que cruzó el Caribe de Costa Rica remando por los Tiburones y el Océano

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El tico que cruzó el Caribe de Costa Rica remando por los Tiburones y el Océano

 

 

Lois Solano

 

 


El 25 de marzo, en una mañana muy ventosa se despidió Andrés Rivera de Tilarán, con rumbo a cruzar la laguna de Arenal y conectar con el río que lo dejaría seguir su rumbo hacia el río San Juan, Isla Calero, Tortuguero y finalizar en el río Sixaola.

Su meta era cruzar el Caribe de Costa Rica llevando un importante mensaje de conservación para proteger el océano y los tiburones.  Apoyado por el team Nakawe Project & Surfing Nation Magazine Andrés Rivera lleva con él cada día la bandera por el océano, vital para nuestra propia vida.

Al Caribe llevó lo necesario, lo que su viaje anterior cruzando el Pacífico de Costa Rica le había enseñado a no olvidar y a no llevar la próxima vez.

Desde Tilarán cruzó el lago Arenal, pero al intentar conectar con el río al otro lado de la presa encontró su primer obstáculo, el río estaba seco y esto lo obligó a ponerle ruedas a su tabla y buscar un camino durante la noche hasta el próximo tramo que se pudiera navegar.

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Dos días después a las 10:00pm Andrés llegó a un muellecito en Boca Tapada. Un río amplio y calmo, de poco caudal y avance lento lo llevó hasta allá. Su amigo Rubén del Tapir House dejó todo tirado y se fue a acompañarlo hasta el primer puesto nicaragüense de control. En ese punto Andrés solo podía navegar acompañado de un rivereño, con un pase de cortesía, así que don Rubén no lo pensó mucho, se buscó un cayuco y se puso a remar al rededor de 15 kilómetros para que Andrés llegara sin problemas.

Al día siguiente llegó a Tamborcito buscando Boca Sarapiquí, donde había enviado una caja con alimentos para re abastecerse de provisiones. En este punto Andrés aún remaba a escondidas buscando migración. Las autoridades no habían querido sellar sus documentos así que después de negociar y hablar con ellos sobre boxeo y sus estrellas nacionales, siguió su camino “bajo su propia responsabilidad”.

La bandera.

Frente a la boca del Sarapiquí está la casa de”la china”; Solo tenía tela azul pero cortaron una de sus blusas blancas y armaron la bandera. Andrés necesitaba relevar la bandera que con orgullo ondeaba de la cola de su tabla por una bandera vecina. Solo eso ayudaría a las negociaciones en el puesto fronterizo y le conseguiría una luz verde para seguir.

Luego entre aguas caudalosas, manglares, enormes lagunas, cocodrilos gigantes y tratando de no equivocarse con la navegación, el río lo conducía hasta Boca San Carlos, su primer parada en un puesto fronterizo.

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La Ruta de los Héroes, 29 de marzo.

En 1856, la vía de entrada de los Filibusteros de la Campaña de William Walker hacia Costa Rica era por el río San Carlos, así que 2500 costarricenses se fueron caminando desde muchas partes del país hasta esta entrada para frenar su entrada y así lo hicieron.

Rivera también navegó el río San Carlos y encontró la Isla Morgan, donde el pirata emboscaba los buques en este único paso que conectaba Centroamérica con sus dos océanos. Ahora este punto, según Andrés lo describe es casi un museo vivo que le recuerda a los visitantes las historias de guerra centroamericanas y que en coordenadas han pasado desde conflictos indígenas hasta historias de piratas reales.

Día 7, río Maíz – río Indio, San Juan del Norte, 31 de marzo.

Después de 320 kilómetros y de haber sido conducido por los oficiales del ejército de Nicaragua hacia el río Indio, Andrés remó por caudales muy profundos y llenos de ojos brillantes que lo veían pasar.

Cada puesto fronterizo y cada torre de control, significó una parada más en el río, más tiempo de ser detenido, revisado y menos tiempo de remado. El sedimento causado por las dragas en el río le frenaron también su avance hasta el punto de tener que salir para arrastrar su tabla por trillos buscando aguas más fluidas para remar.

El conflicto político por la trocha fronteriza se siente en el río, pero las personas que Andrés se va encontrando no tienen problemas políticos por banderas, solo quieren conservar sus tierras y más bien son vecinos amables que el camino le va poniendo por delante.

Delta, Costa Rica, 2 de abril.

Así, se encontró en el lado nicaragüense donde debía pagar un nuevo zarpe o derecho de navegación por el río para salir a la Bocana. En San Juan del Norte el gobierno le negó la salida, por lo que tuvo que remar 24 horas de vuelta río arriba bajo una tempestuosa lluvia. Durante la noche se encontró un grupo de la tribu de los Ramas, habían caminado dos días por la montaña para abordar un cayuco y llegar al Delta por la mañana. Remar de noche es muy intimidante en estas latitudes pero la compañía de los Ramakis fue la clave para poder continuar; eso sí, seguirles el paso fue más que desgastante y Andrés llegó al Delta como lo habían planeado los Ramas, temprano en la mañana, rumbo a Tortuguero.

Buscando la laguna Samay, 3 de abril.

El camino le pasó la factura a Andrés a la altura del día 11. La lluvia, los mosquitos, la intensa remada para recuperar el trayecto perdido regresando por el río y los trámites fronterizos se empezaron a sentir. Por primera vez Andrés se veía decaído y su cara estaba deformada por los piquetes de mosquito o alguna otra cosa que le había desatado una alergia. Su otra caja de provisiones estaba en Tortuguero y la comida y agua ya escaseaban. El último almuerzo se lo comió subido en un tronco; en medio de aguas llenas de dientes, con ojos enormes que ven sin ser vistos, no está de más comer con cuidado. En este punto de la travesía, a mitad del camino el ánimo se agotaba con cada situación repentina y no el llegar pronto a su meta inmediata.

Tortuguero, Tapir y Puma, 4 de abril.

Este check en el mapa de Rivera le trajo una esperada subida de energía, lo negro del camino parecía haber quedado atrás con la salida del bochornoso sol. Ahora mientras se secaba su ropa, el vapor que salía de sus cosas solo lo alentaba a seguir remando fuerte y positivo. Sus amigos de Aninga Lodge lo recibieron y lo hospedaron, durmió rico, comió bien. Justo lo que se necesitaba para sentirse mejor y empezar otra vez. En los canales Andrés conoció a un botero que hacía viajes hacia Moín y le contó su historia, al botero le pareció una historia digna de contarle a sus clientes así que dos veces al día durante cuatro días, se encontraron y sus pasajeros se tomaron todas las fotos posibles con el muchacho que estaba remando hacia el Caribe.

Con rumbo Caño Blanco y Caño Negro por las infinitas rectas navegables de Tortuguero, todo parecía que iba a mejorar.

Día 14.

La salud de Andrés decayó los últimos días. Vómito y diarrea constante lo pusieron en una situación peligrosa donde la deshidratación es una enemiga mortal, el poco líquido que podía procesar, las malas noches y el peso del equipo que va cargando y que no puede dejar atrás lo habían debilitado al máximo. En este punto cabía la opción de decir -ya no más.

Desde tierra las personas que seguimos la travesía nos empezamos a preocupar por su estado de salud y a mandar buenas energías y apoyo a quien sabíamos que iba a terminar lo que se propuso.

El enlace de la señal que su dispositivo Spot enviaba cada 15 minutos nos permitió a todos desde cualquier parte del planeta seguirlo de cerca y ver su avance en vivo.

Cieneguita, 8 de abril.

Andrés Rivera continuó su ruta hacia el sur; cruzando por mar la Boca del río Pacuare, del Parismina y del Matina hasta llegar a Cieneguita. Le hablaron de King Kong un cocodrilo gigante que vive en la barra del Parismina pero por suerte no lo encontró.

Sigue lloviendo y el mar está picado, pero la meta estaba cada vez más cerca. Los Guardacostas de Cieneguita son sus amigos y le tenían preparado un recibimiento de comida caliente y un refugio para dormir cuando llegó la noche anterior. Así esperando que la lluvia parara un poco, Punta Morales, Cahuita o muy optimistamente Puerto Viejo era lo que marcaba el mapa para el día.

“Voy pensando en esa meta y estoy confiado en que la experiencia me va a llevar y me va a dejar llegar con bien” dijo Rivera.

Pero ese día el mal tiempo, la lluvia y el fuerte viento en contra no dejaron a Andrés avanzar y tuvo que regresar al muelle de los Guardacostas, sin fuerzas a tratar de comenzar otra vez.

“Tengo todo lo que necesito, ahora lo que debo hacer es reponerme y rezar para que el mar se tranquilice”. dijo Rivera a Surfing Nation Magazine.

La fauna.

Como parte de la magia del agua que corre hacia el mar y nos da vida a todos; en los canales Andrés se encontró un tapir, a lo lejos delante de él cruzando el río vio el final del nado de un puma, al lado de las lagunas pudo ver un pecarí y tortugas.

En los lagos habían delfines y tiburones que entran y salen por la boca del río, en mar abierto se puede ver toda la vida marina en su hábitat, rayas saltando, peces volando y cazando… agua limpia, agua sucia, la enorme biodiversidad y la basura que la acompaña.

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Puerto Viejo, 10 de abril.

La intensa remada hacia el sur desde Cieneguita dejó a Andrés según sus palabras “sin brazos” el mal clima lo llevó a abrirse mar adentro y buscar la corriente que lo regresara buscando llegar al lado sur de Cahuita, pero se abrió de más y tuvo que retomar la ruta. El coraje y la fuerza interior lo condujeron todo el camino.

Todo mejoró al llegar a Puerto Viejo. Familia y amigos de Andrés lo esperaban para compartir con él y darle ánimo en estos últimos kilómetros. Bajo la luna llena en una hamaca en Punta Uva, descansó para continuar muy temprano.

La meta, Sixaola, 11 de abril.

Con el sol salió Andrés de Punta Uva a encontrarse con su meta pero el temporal y fuerte viento en el mar lo regresó a la playa a la altura de Manzanillo. Un oleaje fuerte en contra le quebró la base de la quilla, pero a muy pocos kilómetros de terminar, había que resolver y continuar. Tras una parada en Gandoca, Rivera estaba listo para llegar hasta la boca del río Sixaola.

La enorme boca le dio una violenta bienvenida. 745 kilómetros y 19 días después Andrés Rivera tocó la arena del río y siguió otros cinco kilómetros río arriba donde su comitiva lo esperaba.

¿Su mensaje? Todos estamos conectados por agua, debemos proteger el océano y los tiburones del consumo local de su carne y la exportación de sus aletas a Asia, sin tiburones la salud de los océanos está en riesgo y somos todos nosotros quienes podemos cambiar esta situación. El cambio empieza por nosotros.

“Por favor no comamos tiburón; cuidemos los recursos hídricos, en estas épocas que se consumen tantísimos productos del mar, tengamos cuidado con lo que estamos consumiendo. Mejor que reciclar y recoger basura del mar es no tirar basura, pongamos todas esas prácticas en nuestras mentes y vamos a tener un mejor medio ambiente y una mejor vida. El cambio empieza por nosotros; Yo no como tiburón y espero que ustedes tampoco. ¡Nos vemos!” Andrés Rivera.

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Más información sobre la situación de los tiburones en Costa Rica y el mundo en http://www.nakaweproject.org/

Sigue a Andrés Rivera y sus travesías en https://www.facebook.com/CR.aventuras/


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